Tendiendo puentes entre la verdad y el amor ¿Homosexuales cristianos?
Tendiendo puentes entre la verdad y el amor
¿Homosexuales cristianos?
Biblia y homosexualidad
José L. Caravias sj
Ponencia expuesta en el “I encuentro
ecuménico de la diversidad sexual”,
Organizado por “Cristianos Inclusivos del
Paraguay”
Asunción 28 de octubre de 2017
Hace
unos meses me visitaron en mi casa del bañado dos jóvenes –una lesbiana, el
otro gay- que me rogaron que les ayudara a crecer como cristianos. Aunque
sufrían serios rechazos, querían seguir a Jesús con honradez. Me gustó su
sinceridad. Sentí a Jesús pidiéndome ayudarles. Me conversaron del drama
silencioso de tantas personas encerradas en su propio dolor por experimentar
una tendencia sexual distinta a la mayoría y de la que no se sienten responsables…
A pesar del rechazo de muchos cristianos, -me comentaron- no quieren perder su
fe, sino que se esfuerzan por encontrar en la fe en Cristo un motivo de ayuda y
esperanza.
El
tema es conflictivo, hoy en plena efervescencia. Se han formado dos bloques
antagónicos, que desde trincheras fundamentalistas se disparan mutuamente insultos
y descalificaciones. Las ideologías se han radicalizados por ambos extremos.
Quisiera hoy ayudar a serenar los ánimos, a acercarnos los
unos a los otros para permitir que Jesús, su verdad y su amor, se instale en
medio de nosotros. Su mirada compasiva quiere tocar nuestros corazones.
Confieso
mis deseos profundos de ser totalmente fiel a Jesús. Me siento parte activa de
su Iglesia y en sintonía plena con el papa Francisco. Quiero ser fiel a mi vocación
jesuítica de apóstol de Jesús en las fronteras.
Les
voy a conversar con toda sinceridad. Les entrego mis opiniones personales, por
supuesto discutibles y perfeccionables. Pero les aseguro que mi exégesis
bíblica se apoya en enfoques serios de la mayoría de los biblistas actuales. Estamos
participando de un encuentro ecuménico, o sea, con enfoques distintos. Escuchémonos
con respeto. No siempre estaremos de acuerdo con todo lo que se diga. Pero ruego
respeto y dignidad entre todos. Cada grupo aportamos una parte de verdad. Escuchémonos
y complementémonos con sabiduría y respeto: somos hermanos. Para poder construir puentes que nos acerquen, por
favor, nada de desprecios, ni menos aún insultos…
1. Actitudes básicas de Jesús
Partimos de la base de que éste es un encuentro entre cristianos.
Por tanto, afirmemos en primer lugar que la cumbre de la
revelación bíblica es Jesucristo. El Primer Testamento recorre un largo camino progresivo
hasta llegar a Jesús, que con su testimonio nos testifica el auténtico rostro
de Dios. Los mensajes y las actitudes de Jesús son definitivos. Jesús es nuestro
eje, nuestra piedra angular...
Pues
bien, en Jesús encontramos actitudes cercanas y cariñosas hacia todos los despreciados
de su época, que eran muchos: prostitutas, mendigos, pastores, enfermos
crónicos, samaritanos, extranjeros, y en especial mujeres y niños. Todos ellos eran
cruelmente marginados, en nombre de Dios. Pero Jesús, justo en nombre de su Dios,
los acoge y dignifica con todo cariño.
Su
corazón se derrite en misericordia ante las necesidades de sus hermanos.
Siempre está dispuesto a perdonar, a sanar, a dignificar… Alaba a los
despreciados y les imparte bendiciones divinas. El Reino de Dios les pertenece.
Afirma que los pequeños comprenden el proyecto de Dios mejor que “los sabios y
prudentes”.
El
tema sexual no es obsesivo en Jesús. Para él hay cosas más importantes: la justicia
y la misericordia, el hambre, la dignificación de todo ser humano.
Es
impresionante el énfasis que le da a su trato con las prostitutas, tan altamente
despreciadas. Las trata con todo respeto y atención, tanto que una de ellas, María
Magdalena, convertida en su fiel seguidora, llega a ser “apóstol de los apóstoles”.
A la mujer encontrada en adulterio le especifica: “No te condeno, pero en
adelante no vuelvas a pecar” (Jn 8,11).
Dialoga
Jesús amigablemente con aquella samaritana del pozo, que había tenido varios maridos.
Se admira de la fe de la cananea, despreciada como perro por ser extranjera. Y
llama “hija” a aquella anciana que había gastado inútilmente toda su fortuna
queriendo curar su flujo de sangre. Se enterneció ante el llanto de la viuda de
Naín que había perdido a su único hijo; o ante las lágrimas de sus dos amigas,
Marta y María, que habían perdido a su hermano.
Nunca
Jesús desprecia a ningún marginado que se acercara a él. Jamás indaga su pasado
ni les echa en cara su comportamiento. Toca y cura con cariño los ojos ciegos,
símbolos entonces de castigo divino. A los leprosos, que no podían ni acercarse
a los caminos, Jesús los limpia. A los rengos y los mancos los rehabilita. Se
acerca a los despreciados cobradores de impuestos y les cambia la vida, como a
Tomás y Zaqueo…
Desprecio
especial recibían los niños porque, como no conocían ni practicaban aun la Ley,
se les podía maltratar como a animales. Jesús se queja cuando sus apóstoles no
permiten que los niños se acerquen a él, y los abraza y los bendice y juega con
ellos.
Jesús
no desprecia a nadie, a no ser a los hipócritas, aquellos fariseos que
presumían de santos, pero por dentro estaban podridos. Los califica de víboras…
Afirma que Dios no aceptó la oración orgullosa de aquel fariseo de pie en el
templo, pero sí aceptó la humilde súplica del pobre que de rodillas no se
atrevía ni a levantar los ojos. A aquellos hombres que querían apedrear a una
mujer encontrada en adulterio les encara su hipocresía increpándole a que
arrojara la primera piedra el que estuviera sin pecado. Llega a afirmar que las
prostitutas están más cerca del Reino de Dios que los piadosos fariseos… ¡Era realmente
atrevido este Jesús!
En
sus parábolas siempre el mismo mensaje de misericordia. El patrón bueno paga el
mismo salario al obrero de última hora, que no había podido encontrar trabajo.
Y el padre bueno recibe con los brazos abiertos y gran fiesta al hijo bandido
que humillado vuelve en la miseria. Y el pastor que prefiere a la oveja perdida
y sale en su búsqueda. El hambriento Lázaro es salvado y el avariento Epulón
condenado. No cabe duda: la misericordia en Jesús ocupa siempre el primer
lugar. Pero no aguanta a los avarientos y a los hipócritas.
¿Cómo
aterrizar la misericordia de Jesús en la relación de los cristianos con los homosexuales
de nuestra sociedad? Ante Jesús, tan altamente misericordioso, nos preguntamos,
¿por qué hoy hay “cristianos” que desprecian tan duramente a todo tipo de
homosexuales, sin acercarse jamás a ellos para comprenderles y ayudarles en sus
necesidades? ¿Por qué son en esto tan exigentes, pero no se preocupan de
combatir igualmente la violencia intrafamiliar, el embarazo adolescente, la distribución
impune de crack entre jóvenes o la elección de gobernantes altamente corruptos?
El Catecismo Católico, en su párrafo
2358, afirma: “Un número apreciable de hombres y mujeres
presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición
homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba.
Deben ser acogidos con respeto,
compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de
discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de
Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del
Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.
A
todos los que quieran acercarse a Jesús, los cristianos tenemos que recibirlos
con los brazos abiertos. Se impone implementar una pastoral de la diversidad
sexual.
2. Biblia y homosexualidad
No
es fácil juzgar conductas humanas actuales a la luz de la Biblia, pues corremos
peligro de desfigurar sus mensajes al no tener en cuenta las situaciones
culturales de los tiempos en que se inscribieron los diversos textos. Si no
conocemos las circunstancias a las que se refiere cada pasaje es peligroso
aplicar el mensaje de entonces a nuestra realidad, a veces tan distinta a la de
dos o tres mil años atrás.
Tomar
las condenas bíblicas al pie de la letra corre el grave peligro de desfigurar
la voluntad de Dios. Peor aun si nos encerramos en un literalismo selectivo,
tomando en serio unas condenas y prescindiendo de otros temas igualmente
condenados.
El Papa Francisco en la Exhortación
apostólica “La alegría del Evangelio”, en los números 147 y siguiente
recomienda entender los textos bíblicos en el contexto general de la Biblia y
no de manera aislada. El Concilio Vaticano II ya había aclarado que “hay
que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar, que se
usaban en tiempos del escritor…” (Dei Verbum, 12). Les aseguro que he
consultado con afán especialistas bíblicos, católicos y protestantes, para
realizar con seriedad el análisis de los textos bíblicos que proponemos.
A partir del
mensaje cumbre de Jesús, echemos una ojeada a estos textos.
2.1 El Primer Testamento
En
el Antiguo Testamento existen tres grupos de citas que tratan en algún sentido el
tema de la homosexualidad.
Es
muy socorrido el pasaje de Sodoma (Gén 19, 1-29). De ahí salió
la palabra “sodomía”. Pero la exégesis moderna clarifica que el pecado
condenado ahí es la falta de hospitalidad, cometida por heterosexuales
violentos.
Hay varios textos
sobre los "prostitutos sagrados" (Dt 23, 17; 1 Re 14, 24; 15, 12; 22,
46; Job 36, 14) en los que se
condena la sacralización pagana de la prostitución varonil ejercida durante
cultos orgiásticos idolátricos dedicados a Baal y Astarté, dioses de la
fertilidad. La finalidad de este culto era precisamente pedir la fecundidad
para sus campos, sus animales y su propia familia. Estos textos no tienen relación
con lo que hoy llamamos homosexualidad.
Las citas
más importantes son las del Levítico (18, 22; 20, 13), en las que se
condena a muerte al que “se acuesta con varón como se hace con mujer”. Estos
textos son parte del exigente Código de santidad para poder permanecer totalmente
limpios ante los ojos de Dios. Pero en este contexto el
mismo castigo mortal estaba también previsto
para el adulterio, la bestialidad y el acostarse con una mujer de su familia o
durante el periodo de menstruación (Lv 20, 10.15.18). Eran ideales de santidad, nunca alcanzados en su
plenitud. No podemos ejercer un literalismo selectivo exigiendo el cumplimiento
de un caso concreto y no los otros, menos aun en circunstancias tan distintas
como las nuestras.
Si usamos el Levítico al pie
de la letra para condenar la homosexualidad tal como hoy se entiende, también
los que comen carne de cerdo, o los hombres que se afeitan estarían igualmente condenados...
Deberíamos leer más la carta
a los Hebreos, que insiste en que Jesús nos ha traído una Alianza superior definitiva,
la del amor.
2.2 Las condenas de San Pablo
Pablo
era ciudadano romano y por consiguiente conocía bien las costumbres de sus
conciudadanos. Era habitual entre los señores romanos tener relaciones
sexuales, degradantes y violentas, siempre activas, con sus esclavos y con los
hijos de sus esclavos. Y con todos los vencidos en combate. También eran
frecuentes entre ellos grandes fiestas bacanales, en las que se abusaba sin
medida de vinos y sexo entre todos y todas.
Un
machismo violento imperaba en Roma. El varón tenía que ser un dominador e
imponer su superioridad en cualquier actividad, tanto en la sociedad, como en
la política, en la guerra y, por supuesto, en la familia. En la casa, el romano
era el patrón absoluto, el «macho». Y se le educaba en la bisexualidad porque
su dominio debía ir más allá de la mujer: tenía que dominar a todos, para
demostrar su superioridad. Los ciudadanos romanos eran educados para ser dominadores,
en la política, en el amor y en el sexo.
Debían
ser siempre activos, nunca pasivos. La educación bisexual
no era con un enfoque de placer, sino de poder. Podían violar, torturar y
abusar de sus propiedades, sin cargos ni juicio. Un esclavo no tenía protección
civil ni autoridad sobre su cuerpo. El cuerpo de un esclavo o esclava se utilizaba
para apaciguar los apetitos sexuales del patrón.
Justo
en las cartas dirigidas a los nuevos cristianos de dos ciudades donde la
sociedad estaba altamente corrompida, Corinto y Roma, Pablo les insiste en que
entre ellos no podía seguir existiendo la misma corrupción de su ambiente.
Pablo describe el comportamiento de aquella sociedad, y les deja claro que
entre los seguidores de Jesús de ninguna forma podía seguir existiendo esa vida
corrupta. Escuchémosle:
“¿Han olvidado que la gente injusta no
heredará el Reino de Dios? No se llamen a engaño: los inmorales, idólatras,
adúlteros, invertidos (malakoi), homosexuales (arsenokoitai), ladrones,
codiciosos, borrachos, estafadores, no heredarán el Reino de Dios. Eso eran
algunos de ustedes antes…” (1 Cor 6, 9-10).
"Porque eran idólatras… Por esa razón los
entregó Dios a pasiones degradantes: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales
por otras innaturales, y los hombres lo
mismo: dejando las relaciones naturales con la mujer, se consumieron de deseos
los unos por los otros, cometiendo infamia unos con otros” (Rom 1,
25-27).
Los
que se empeñan en apoyarse en estos dos textos para perseguir a los
homosexuales actuales, tendrían que perseguir igualmente también a los adúlteros,
los ladrones, los codiciosos, los borrachos, los estafadores…
Además,
las palabras griegas malakoi y arsenokoitai son difíciles de traducir.
Cada Biblia las interpreta de forma diferente. Ciertamente no existía una
palabra equivalente a lo que hoy se entiende por homosexualidad. En aquellos
casos se trataba del dominio sexual humillante de ciudadanos poderosos sobre sus
inferiores. Pablo reprueba las orgías colectivas de Roma y Corinto, en las que,
altamente embriagados, se llegaba a todo, aun entre mujeres. Y sacralizado por
dioses especiales: Baco para el vino, Venus para el sexo… Esa clase de personas
no podían entrar en las comunidades cristianas si no cambiaban de
comportamiento.
Podemos
afirmar que en estos dos textos se condena claramente el adulterio, las violaciones,
la pedofilia, las orgías. Pero de la relación privada con mutuo consentimiento
de dos personas del mismo sexo, acá no se dice nada…
3. Amigo de homosexuales
En
estas semanas previas me han llamado despectivamente “amigo de homosexuales”. Algunos
me han condenado muy groseramente, sin conocer siquiera mi pensamiento. Pero me
sentí alagado, pues me acordé que a Jesús lo despreciaron severamente y lo llamaron
amigo de prostitutas y pecadores. Sí, tengo amigos homosexuales. Sé escuchar
solidariamente sus dolores, que suelen ser muchos. Es más, he sentido que Jesús
me pide poder misericordiar a través mío a todo despreciado que se ponga en mi
camino. Decirles y mostrarles que Jesús está con ustedes, que los comprende,
que les quiere ayudar.
Lo
que no apoya Jesús son las violencias o desprecios de género. O los privilegios
machistas, que son muchos. O cualquier acto de dominio o violencia del varón
sobre la mujer. Ni ningún tipo de insultos. Hombres y mujeres gozamos de la
misma dignidad, podemos ejercer las mismas profesiones y merecemos el mismo
respeto. Esto es básico. Muchos problemas de género tienen sus raíces en el
desprecio a la mujer. Jesús, a contracorriente, las dignificó totalmente.
Acompaño
también, de la mano de Jesús, a padres que sufren los problemas de este arco
iris, animándoles a investiga en serio cada caso y a tratar a esos sus hijos
con una mezcla eficaz de respeto e inmenso cariño.
Los
homosexuales por lo general tienen mal cartel porque los más heridos se manifiestan
con frecuencia de forma agresiva y a veces violenta. También ellos, como todos,
son a veces violadores o pedófilos. Pero la mayoría no es así. Conozco entre
ellos a personas de alta calidad humana y espiritual, gente competente y
servicial. Tímidamente van saliendo de sus armarios con hambre de dignidad y de
Dios. Mi vocación jesuítica me obliga a acompañarles. Ésta es una de las fronteras
ignacianas.
Algunos
papás se han puesto en guardia, agresivos: “Con mi hijo no te metas”. Por supuesto
que no. Aclaro que no creo que el género se elija por voluntad propia, menos
aun desde la niñez. Esto me parece un disparate altamente peligroso,
seguramente promovido por los grandes poderes financieros que pretenden que la
juventud sea cada vez menos peligrosa para sus privilegios, degradándolos en
todos los sentidos: drogas, consumismo, pornografía, libertinaje…
Después
de muchas consultas y lecturas estoy convencido de que normalmente el sexo
viene ya definido desde la gestación. Pero no en todos los casos. El proceso de
gestación es delicado y complicado, y por ello no siempre claro. Pienso, y creo
que está suficientemente demostrado biológicamente, que algunos homosexuales
son genéticos. Entre otras posibilidades puede suceder, por ejemplo, que un
feto, ya con testículos, no masculinice su cerebro… Los casos genéticos son
irreversibles. Tienen que aceptarse y desarrollarse como realmente son, sin
complejos por su parte, ni desprecios por parte de los demás. Algunos casos de
homosexualidad no auténtica pueden ser reversibles, con la debida atención
sicológica. Éste es un tema muy serio, que hay que saber tratar con responsabilidad,
pues está en juego la felicidad de muchas personas.
Creo
que la sicología de un pequeño es altamente delicada. Los daños o éxitos en el
desarrollo del feto y del bebé repercutirán en toda su vida. Necesitan los
cariños de una mamá y de un papá, o al menos de una mujer y un varón, los abuelos
por ejemplo. Si es niña se identifica con la mamá y se complementa con el papá,
y al revés si es varón. Esto es muy delicado. Hay papás muy enojados, por
ejemplo, porque su hija “le salió lesbiana”, pero resulta que puede ser que él
tenga alguna responsabilidad en ello porque cuando era bebé jamás la tomó en
sus brazos con cariño, ni le dio nunca un biberón, ni le cambió nunca los
pañales, ni un poquito después se tiró al suelo para jugar con ella o un poco
más tarde jamás la sentó en sus rodillas para escuchar sus preocupaciones… Oigo
estas quejas con frecuencia, bañadas en lágrimas...
Caso
especial es el de los niños con papá y mamá separados, mucho peor aún si hablan
mal el uno del otro. Generalmente los pequeños quieren limpiamente a papá y
mamá, por lo que sus críticas mutuas son veneno que le impiden madurar su
sicología con serenidad y le pueden carcomer su vida futura.
Otro
caso grave es el de niños o niñas abusados sexualmente, cuanto más temprano
peor. La violencia interior y el miedo son tan estresantes que es posible que
sus relaciones sexuales queden heridas para toda su vida, a veces con miedos
instintivos casi insuperables al otro sexo. Peor aun si el abusador es pariente
cercano y mucho peor si es el padre. Estos casos necesitan una terapia muy especial,
no siempre exitosa.
Contrariamente
a lo que se piensa, los casos de promiscuidad no son mayores en personas
homosexuales que en personas heterosexuales. Todos necesitamos ayuda para
desarrollar nuestra sexualidad como camino de amor, sin caer en depravaciones.
La
vida de los homosexuales es difícil. Sufren problemas internos y problemas de
crueles desprecios. Sus crisis de identidad pueden ser muy fuertes. Quien no se
acerque a comprenderles y ayudarles, no tiene derecho a criticarlos.
4. Preguntas concretas
Paso
a aterrizar algunos interrogantes concretos. Son temas discutibles, muchas
veces aun sin construir, pero que necesitan ser abordados, y si es entre
cristianos, siempre desde Jesús. Creo que para
abordarlos es necesario un espacio en el que un diálogo respetuoso sea la base
fundamental, donde la oración personal y grupal pueda vivirse en un contexto de
discreción, de apoyo y crecimiento mutuos.
Se me ocurre centrarme en tres interrogantes básicos:
¿Es conveniente
que los homosexuales opten por vivir en pareja?
¿Deberían legalizarse
las parejas homosexuales?
¿Hay varios tipos
de familias?
Para dar respuestas acertadas a estos interrogantes y otros
parecidos no es necesario hacer marchas o campañas en contra o a favor de estos
problemas. Todos somos hijos del mismo Padre: Él quiere que dialoguemos como
hermanos. Ningún tipo de presión o violencia es el adecuado. Menos aún, con
insultos. Si nos situamos con humildad ante Jesús, y ante él dialogamos con
sinceridad, será posible aclarar la verdad de Dios. Pero siempre con respeto.
¿Es
conveniente que los homosexuales opten por vivir en pareja?
Pues
creo que sí, con tal de que exista entre ellos un verdadero amor. Las
condiciones básicas son las mismas que para las parejas heterosexuales. Su
moralidad depende del hecho de que sean una expresión genuina de amor, un amor
fiel, exclusivo y estable. Las relaciones homosexuales firmes, que proporcionen plenitud y
satisfacción, son ciertamente mejores que la promiscuidad sexual.
La estabilidad de la pareja
homosexual es especialmente difícil. Es necesario crear una pastoral especial
para ellos. Hay homosexuales que en secreto optan por el celibato, pero la
mayoría de ellos realmente no son capaces de esta opción –igual que los
heterosexuales- y por eso parece lo mejor la vida en pareja, difícil, pero real
y con frecuencia satisfactoria. Hay casos concretos de ello.
¿Deberían
legalizarse las parejas homosexuales?
Me parece recomendable que
las parejas homosexuales estables de alguna manera sean reconocidas por el
Estado para obtener ciertos beneficios sociales, como pensiones, propiedades o
herencias. Pero no me agrada que en estos casos se use la palabra clásica
“matrimonio”, que pienso debe reservarse para la celebración de un sacramento
cristiano entre hombre y mujer.
Una cosa es el derecho que se puede
exigir como ciudadanos en el ámbito civil y otra la celebración de un
sacramento cristiano. Son ámbitos distintos. No sé por qué muchos que dicen no
creer en Dios, y menos en la Iglesia, se empeñan en celebrar un “matrimonio”,
que es un acto religioso eclesial. Habría que inventar otro nombre.
¿Hay
varios tipos de familias?
Creo
que tenemos que reconocer que en la realidad existen varios tipos de familias,
y que esas familias funcionan bien si reina en ellas un amor verdadero. El
ideal es que todo niño pudiera gozar de papá y mamá. La estabilidad, la
fidelidad, el buen trato, el respeto entre papá y mamá dan lugar a niños y
niñas conscientes y felices.
Hay
también madres solteras, separadas o viudas, que forman una familia estable,
luchadoras heroicas por criar a sus hijos, muchas veces ayudadas por abuelos o tíos.
¿Y
el caso de adopción por parte de parejas homosexuales? Creo que es difícil.
Todo niño tiene derecho a ser querido y cuidado al menos por un hombre y una
mujer, de forma que pueda desarrollar armoniosamente su sexualidad. Pero en
casos especiales pienso que se pudiera permitir si se trata de una pareja
homosexual estable, fiel y abierta a otras personas, conscientes de que ese
niño o niña debe tener trato cercano y cariñoso con varones y mujeres,
parientes o amigos. Para todo tipo de adopción debe exigirse madurez y
estabilidad de los padres adoptivos, y una gran capacidad de amor.
Conclusiones
Sostengo en solidario que los homosexuales son
personas que merecen todo respeto. Está en juego el derecho fundamental de
existir y de ser uno mismo. En ningún caso podemos afirmar que no son queridos
por Dios, ni menos aún que Dios los condena por su forma de ser. "Si una
persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para
criticarlo?”, ha dicho el Papa Francisco.
Tienen
derecho a desarrollarse como personas y, si quieren, poder madurar una fe
adulta en Dios, que les ayude en sus difíciles vidas. Ellos tienen más
dificultades, y por eso necesitan más de Dios. Los cristianos estamos obligados
a ayudar a los que quieren desarrollar su fe en Jesús, sea quien sea.
El
hecho de que haya algunos degenerados entre ellos, como en todos lados, no nos
da derecho a considerarlos a todos como peligrosos sicópatas. Eso es injusto y
cruel.
A
los que piensan que la homosexualidad es una enfermedad o un vicio les aseguro
que con desprecios e insultos jamás conseguirán curarlos o convertirlos. Es
como si un médico despreciara e insultara a todo tuberculoso que se le
acercara. Sería un delito…
La comunidad LGTBI por su parte puede y debe explorar nuevas formas
distintas y serias de vinculación humana y de apertura al misterio de la fe… Es
necesario experimentar nuevas experiencias cristianas, en la línea del
compromiso por la misericordia, la justicia y la dignificación de toda persona.
Quedo abierto a todo
tipo de diálogo, pero con respeto y profesionalidad.
Bendito seas, Padre
Dios, porque estas cosas no las entienden los “sabios y prudentes”, sino los humildes…
Ojalá desarrollemos la humildad necesaria para que la misericordia de Dios
pueda anidar en todos nuestros corazones. Acerquémonos con sinceridad a Jesús,
que es la fuente de la Misericordia. Que así sea. Muchas gracias.
Bibliografía elemental:
- Gafo Javier. La homosexualidad: un debate abierto
- Awi Alexandre. ¿Qué
dice la Biblia sobre la homosexualidad?
- López Azpitarte Eduardo. Amor, sexualidad y matrimonio.
Los pueden bajar de: https://jlcaravias.wordpress.com/pareja-hijos/
Justificación de mi ponencia ¿Cristianos homosexuales?
José L.
Caravias sj
2-11-2017
Ante tantas respuestas, unas
altamente positivas y otras groseramente negativas, que he recibido por mi
conferencia del 28 de octubre, quiero aclarar lo que sigue.
El enfoque que doy en mi charla a las
citas bíblicas está sacado de biblistas serios, aceptados por la Iglesia. Sería
muy importante poder realizar diálogos sinceros sobre estas citas,
estudiándolas en serio, apoyándonos en buenos biblistas.
En el tema de la homosexualidad
existen entre cristianos dos posturas altamente opuestas.
Creo que ello se debe a dos factores
principales.
El primero es el enfoque con el que se interpreta la Biblia:
Un sector se encierra en posturas
fundamentalistas selectivas, interpretando la Biblia al pie de la letra y
seleccionando versículos aislados.
Este
fundamentalismo normalmente es agresivo y no dialogante, muchas veces apoyado
en graves ignorancias sobre la interpretación bíblica.
El otro sector teniendo en cuenta la
exégesis moderna, según la Dei Verbum del Concilio, interpreta los textos
bíblicos en su conjunto, según su marco histórico, su género literario y la
revelación progresiva hasta llegar a Jesús.
El segundo factor que promueve
discrepancias es el de las ciencias
modernas.
Se trata de decidir si existen
homosexuales genéticos o todos son enfermos o viciosos.
Este tema está en investigación
avanzada, pero no hay todavía resultados definitivos.
Cada grupo dice apoyarse en
investigaciones científicas, todas ellas incompletas.
Según se tenga un enfoque u otro cada
grupo decide su postura de rechazo o cercanía a personas con diversidad sexual.
Necesitamos acercarnos los cristianos
a dialogar sobre este tema con serenidad y profesionalidad, porque la realidad
es que muchas personas sufren intensamente y ruegan que se les ayude
espiritualmente.
Caso aparte son los homosexuales
violentos y promiscuos. Ellos no se suelen acercar a creyentes para pedir
ayuda.
En mi conferencia me refiero a la
multitud de homosexuales que se mantienen en secreto o discretamente, y buscan
ser aceptados como son y poder así cultivar su fe en Dios. Son muchos más de
los que parecen.
El desprecio generalizado es injusto
y cruel, a espaldas de la misericordia de Jesús. Sus seguidores no podemos
negarnos a atenderlos con todo respeto.
No defendemos el pecado, sino que
tratamos de atenderlos como Jesús para que puedan centrar sus vidas en lo que
realmente son, sin violencias ni degeneraciones.
Ante tanta gente sufriente y tantas
oscuridades, se impone la puesta en marcha de una clarificadora y
misericordiosa pastoral de la diversidad sexual.
“Donde no hay amor, pon amor y
encontrarás amor”.
Es importante formarnos bien, podemos encontrar una carpeta completa con diversos artículos y libros sobre "Homosexuales cristianos", blog del Padre José Luis Caravias, sj.
https://jlcaravias.wordpress.com/homosexuales-cristianos/
Un abrazo en el Señor


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